La iglesia no son programas es una familia

Hay iglesia con muchas reuniones, muchas actividades pero paradójicamente no conectan a las personas, no hay posibilidad de relaciones profundas y ministrarse en estas, creyentes que no tienen la oportunidad de abrir su corazón, inmersos en esta dinámica, no son iglesias relacionales; esta falta de conexión no les permite ponerse de acuerdo en objetivos como grupo, en la edificación mutua, el discipulado, en la misión.

Lo lamentable de esto es que este es su entendimiento religioso de iglesia, de una organización, no el de una familia o comunidad, que juntos viven la misión. Su valoración de éxito como iglesia está en el número de asistentes cada Domingo, no en la calidad de grupo, no en el nivel de familia o discipulado – siguiendo las pautas del modelo obsoleto de congregación, de congregar pero no conectar.

Jesús habló del amor mutuo como señal clara que distinguiría a sus discípulos. También la ausencia de este amor como la señal de apostasía. Es la religión lo que está comenzando a enfriar a la iglesia.

Sin conexión no hay revolución

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