El peligro de la organización en un movimiento.

La tendencia humana es sustituir la visión y la vida por la organización (la religión) y después acomodarse e invertir en ella.

Esto es lo que ocurre con algunos movimientos, comenzaron con la frescura de algo nuevo y de manera paralela se desarrolló una estructura que lo canalizaba, la cual con el tiempo se impuso al sustituir esa vida lo imprevisible del movimiento por lo previsible de la organización.

Esta estructura, la tradición, la liturgia no dan lugar “a imprevistos” nos hace sentir seguros indicándonos en todo tiempo lo que hay que hacer, lo que puede pasar, eliminando todo riesgo, y con ello pudiendo sofocar la vida (imprevisible) para no abrirse paso.

Precisamente este uno de los elementos que caracteriza la religión es lo previsible.

Aunque todo aquel nacido de nuevo es imprevisible “ El viento[a] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Jn1:8

No nos gusta y nos resulta incómodo lo imprevisible y la tentación de resolverlo de la manera rápida y fácil es el guion de la organización, seguir mecánicamente una tradición, el guión de la liturgia que “aventurarse a la vida” a la guía del Espíritu Santo

Por eso la iglesia, la asamblea son personas, relaciones abiertas.

Es aprender a vivir y moverse en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

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Una respuesta a El peligro de la organización en un movimiento.

  1. Carlos Luna dijo:

    Excelente nota. He sido pastor de una iglesia institucional por 20 años. Por razones de salud, tuve que dejar mi tarea y en ese tiempo de convalescencia, cerca de dos años, Dios me mostró algo que yo venía pidiéndole desde hacía tiempo: Aire fresco para su iglesia. Los programas, las actividades, los proyectos, todo eso se hacía monótono y previsible, como dice el artículo. Para mi, que lo organizaba y lo planeaba, nada tenía sabor, ya sabía todo lo que iba a suceder y lo mismo ocurría con los demás hermanos líderes. Con el tiempo, los programas “organizados” también resultaban previsibles para el resto de los hermanos.
    Dios me mostró una visión, a través dle trabajo silencioso, pero efectivo que hacían tres familias de nuestra congregación con sus amigos. Los reunían en sus casas para hablarles del Señor, porque no lograban que asistan a las reuniones institucionales. Hasta que me invitaron un día a participar de esas reuniones y ahi Dios me habló haciéndome ver cuántas personas están buscando al Señor fuera de las congregaciones organizadas. Es por eso que, dejando nuestra congregación madre, comenzamos a reunirnos en casas, desde hace tres años, sin más programa que lo que va surgiendo, guiados realmente por el Espíritu Santo y en función de las necesidades de las familias con quienes nos contactamos. Curiosamente, han surgido novedosas e inéditas maneras de llegar con el Evangelio a estas familias, sin duda por la acción sabia de Dios en cada corazón dispuesto a ponerse en sus manos. Este artículo es una gran advertencia a nosotros, que desestructurados ahora, vivimos una “luna de miel” con la obra del Señor, pero que tenemos que sostener, para que la organización no ahogue tan hermosa comunión.

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